Capítulo V - ESTACIÓN NORTE
Capítulo V
Un domingo más, me adentro en el mundo de las Estaciones. Una historia sin pretensiones, que camina según sople el viento. Si quieres saber el origen de esra historia, aquí en ESTACIÓN NORTE la encontrarás. Y si quieres empezar por aquí, adelante. Quizás te pique el gusanillo y quieras empezar por el principio.
¿Seguimos descubriendo?👇🏻Nos quedamos mirando. Él frente a la ventana y yo a medio entrar, bajo el marco de la puerta. No tenía nada que ver con los anodinos muchachos y muchachas de Estación Este. Quizás fuera del otro extremo. Pero no. Tampoco tenía ese aspecto casual, un arreglado pero informal. Ni parecía ser alguien con ganas de hacer amigos. Una camisa de cuadros marrones, unos calzones holgados y unas botas llenas de barro reseco.
—Puedes entrar, eh. No contagio nada. Y como he llegado antes, me quedo la cama alta y el escritorio cápsula que hay debajo, ¿ok?
—Sí, claro. No hay problema. Me da igual. —Y como se hacía siempre en Estación Sur, le tendí la mano mientras le decía mi nombre. —Liser, de Estación Sur.
—Deni, de Entre Estaciones. El becado.
Y es que, en Brújula existían pocas segundas oportunidades, de hecho, solo una. Y era esa. Los hijos, bastardos en realidad, de los que abandonaron Estación Centro sin trabajo y sin pareja, eran los únicos que no tenían la oportunidad de conseguir el trabajo de sus vidas. Generación tras generación, se veían obligados a trabajar en el campo. En Entre Estaciones, no existía el matrimonio, no estaba permitido formar una familia legalmente, pero se hacía la vista gorda con las relaciones entre los que ahí llegaban. Sin embargo, el Gobierno Central, concedía cada año una sola beca a algún joven campesino para estudiar lo que deseara en Estación Centro.
Entré con mis dos maletas. La habitación era amplia y luminosa, salvo en la parte donde estaba la cama alta con el escritorio que el becado había elegido. Agradecí su elección. Mi necesidad de luz era tan grande como mi miedo a la oscuridad. Así que tener la cama cerca de una de las ventanas de la habitación y el escritorio cápsula debajo de la otra ventana era un regalo poco esperado. Pero me sentía tenso. Notaba la mirada atenta de Deni en mi nuca, quizás juzgando con ojo clínico cualquiera de mis acciones. No quería que notara mi ansiedad, siempre al acecho. Siempre ahogándome ante los demás.
Al girarme para guardar la ropa en uno de los dos armarios de la otra esquina de la habitación, observé de reojo al becado. Y me sentí idiota. Estaba absorto leyendo un libro. Sin prestar ni una mínima atención a mi persona. Así que seguí vaciando maletas.
El silencio era un poco pesado. Yo no sabía qué decir y Deni no era de los que facilitan el diálogo. Al menos en aquellos primeros soles en Estación Centro. Ahora, visto en la distancia, pienso que Deni es el mejor ser social que he conocido jamás. Un amigo imprescindible. Sé que sin él todo sería distinto. Yo no estaría donde estoy, ni estaría con quien estoy, ni tendría una segunda oportunidad de vida. Pero eso, ya llegará. Antes de llegar a este presente, ocurrieron mil cosas.
—Este libro es increíble. ¿Te gusta leer? —preguntó Deni, rompiendo ese silencio incómodo.
—Bueno, nunca sé qué leer. En realidad, no me gusta. Prefiero otras cosas.
—¿Otras cosas? ¿Dibujar? ¿Pintar? ¿Cantar?— Me abrumaba con tanta pregunta seguida. Sin embargo, sonreí.
—No. Motores, velocidad, motos… Me gustan los videos de motos, de evoluciones de chasis para ganar aerodinámicas, ya sabes…
—Pues no, ni idea, tío. Pero si a ti te mola eso, genial.
—Es eso lo que quiero ser: diseñador de prototipos de motos —dije con un tono de satisfacción que no intenté disimular. Deni asintió pensativo.
—En fin. Un escritor y un tío que no se para a mirar a su alrededor, porque necesita correr…
Entendí que no era de su agrado. Entendí que no veía nada en común. Y mi ansiedad, una vez más, se adelantaba a los acontecimientos. Me esperaban soles de tensiones en esa habitación. Me esperaban silencios y pocas conversaciones durante muchos soles. Mi vana esperanza de coincidir con un sureño se había desvanecido. Y ni occidentales, ni orientales, ni norteños. Un tío de Entre Estaciones, tan diferente de cualquiera de las otras estaciones. Un bastardo, un tipo que era menos que el resto. Y me imaginé repudiado en un futuro por el resto de estudiantes de la planta 342, del edificio L, de Estación Centro.
—El equilibrio perfecto—sentenció, finalmente. —Ahora, casi que bajemos a los comedores. Mañana tenemos una línea de sol larga. Toca saber formación que nos tienen preparadas.
—¿Qué estudia un escritor?
—Tío, no tienes ni idea de nada. Filología, Filosofía, Periodismo,… todo eso. Tío, tienes que espabilar. Tienes que saber de todo, o, al menos hacerlo ver, si quieres que te respeten.
—Tú no sabes qué tengo que estudiar…
—¿No? Ingeniería mecánica, Diseño de piezas mecánicas, Mecánica de vehículos, Diseño industrial… ¿Sigo?
—No, gracias—. Era imposible que fuéramos equilibrio perfecto, como él había dicho. Un jodido sabiondo, un jodido campesino bastardo, dándome lecciones.
Así empezó nuestra no amistad. Porque, en ese poco rato juntos, me sentí pequeño, me sentí ignorante y quería huir de ahí. Deni, parecía divertido con esa nueva situación. Al salir de la habitación empezó un monólogo sobre el arte de cultivar híbridos de patata y boniato. Siguió describiendo los interminables campos de Entre Estaciones. Habló de su madre y su padre, de sus hermanos pequeños, cuatro en total. Sus palabras denotaban un orgullo envidiable. Yo era incapaz de hablar así de los míos, por mucho que me quisieran, por muy buena familia que fuéramos. No podía contar ninguna anécdota divertida con Veg, porque nunca compartimos infancia, porque no compartimos nada.
—…. Es que tío, mis hermanos son lo más. Tienen arte. Mucho arte en las venas, como un servidor. Siro, dibuja increíble, Margi, prefiere pintar los dibujos de Siro. Y los gemelos, apuntan maneras con eso de construir… Las becas tienen que ser suyas. Entre Estaciones es un buen lugar, pero no es nuestro lugar… Da igual. Vamos a cenar.
Y así, cenando en una mesa junto a la pared, como le gustaba a Deni, terminó la primera línea solar en Estación Centro. Quedaba mucho por ver, mucho por vivir. Y conocerla a ella.
Te dejo el capítulo anterior,
Espero que esta nueva entrega te haya picado la curiosidad. Si es así, no dudes en dejar un comentario. Si ni fú ni fá, pues también dímelo, y, obviamente, si crees que es una bazofia, aceptamos crítica.
Feliz semana😉


