LECCIONES DE VIDA
a estas alturas todavía me queda demasiado por aprender
Pensaba que este 2025 me traería más paz que guerra, más tranquilidad que histerias varias, más risas que lágrimas. Estaba convencida que ya no me quedaban más mierdas de cosas que vivir, salvo las que soy consciente que, tarde o temprano, inevitablemente sucederán.
No es que soñara despierta, ya sé que es un error, lo dije en el post anterior "Deseé y me equivoqué", sino que me habían habían dado tantísimos palos en el pasado más reciente que la vida solo podía darme caricias. ¡Los cojones trenta y tres! Una detrás de otra se van sucediendo bofetadas, empujones hacia atrás. Me quieren tumbar. Es lo único que pienso. ¿Quién? La vida misma. Se ve que la muy cabrona, cree que no aprendo. Que no saco nada de todas las pruebas por las que me hace pasar. Quiere tumbarme, quiere suspenderme. Para mí que quiere verme ahogarme en el lodo. Que me baje del tren.
Pues no me sale de las narices. No me da la gana. No quiero. Me veo desde fuera como una herida de guerra, coja, con el brazo roto y el rostro lleno de sangre seca de la cantidad de golpes que me han dado. Puñetazo va, puñetazo viene. Dando la cara. Batiéndome con esta vida perra que no me lo quiere poner plácido. Pues se va a joder. Y tanto que se va a joder. Porque no podrá conmigo. Puede que tenga que parar y tomar aire. Puede que patelee como un enano, que llore de rabia y escupa sapos y culebras. Incluso que haya un momento que diga: ¡BASTA! Pero sé que será fugaz. Fugaz de un día o dos, no más. Después arremangarme, sacudirme el polvo del camino y seguir. Dándole al coco. Buscar soluciones y no regodearme en este desaire que me invade.
Pero es cierto que agota. Es cierto que me falta el aire. Porque ya tengo una edad para no tener que recibir más lecciones de vida. No es justo. Llevo unos cuantos años estudiando lecciones de vida, sacando aprendizajes que no olvido. Pero se ve que no es suficiente. No quiero excelencia, ni notabilidad, solo estar bien o, vivir con suficiencia. No es tan difícil de entender. No es tan difícil de conseguir, digo yo.
No sé. Odio las lecciones de vida, odio tener que aprender a base de palos, odio las zancadillas semanales de mi día a día. ¿Tan difícil es vivir en paz? Pues se ve que no.
Esta vez la lección de vida es no fiarte de nada ni de nadie. Algo que choca con mi infantil idea de que todo el mundo es bueno. De sobras se me ha demostrado que hay más maldad de la que parece. Lobos disfrazados de ovejas, palabras teñidas de dulzura, actitudes que parecen genuinas pero que son solo una herramienta del otro para conseguir su bien.
Bueno, nada. Voy a estudiar la lección. Y a ver cuál es la siguiente lección… Que tenga pocos daños colaterales al menos. Por favor.


