PARA Y DISFRUTA
no hay prisa
Hay días que necesito que el tiempo pase más raudo que lento. Lo necesito más que nada por esa sensación de pasar de puntillas por aquello que no me gusta. Como si al correr el tiempo, no hubiera necesidad de vivir lo que no se quiere vivir. Evitar sentir un dolor que imaginamos más duro que dulce.
Hay días que quisiera cerrar los ojos y despertar después de unos días, habiéndose resuelto todos aquellos problemillas diarios que ni me quitan el sueño ni me dejan dormir.
Llámeseme cobarde. O perezosa, o ansias. Me da igual. Porque a final, todos y cada uno de nosotros quisiera, más de una vez, que el tiempo pasara raudo. Por esa necesidad imperiosa de saber qué sucederá. Si todo irá bien, si los contratiempos habrán terminado. Si… si… si…
Pero el tiempo es el que es. Ni más ni menos. Nos cuesta entender que cada cosa tiene su tempo. Su ritmo. A veces frenético, otras desesperadamente lento. Y es que además, nosotros mismos no tenemos un ritmo constante en el caminar de la vida. A veces nos conviene correr, otras, mejor caminar despacio.
Todo depende. Ya lo decía aquel… “todo depende. De, según cómo se mire, todo depende”. Mil situaciones, millones de personas. Las opciones son casi infinitas. Lo que es rápido para mí, puede parecer lento para otros. Y al contrario.
Quizás toca parar. Quizás debamos reflexionar. Dejar las prisas para otro momento. Olvidarse de lo que puede o no ocurrir. No tener esa necesidad imperiosa de saber qué ocurrirá. No se gana nada o se pierde todo.
Y después, siempre encontraremos algún motivo para que el tiempo vuele. Para que nos dé esas respuestas que no nos dejan en paz. Y nos enfrascaremos en un bucle de querer saber, correr, saber, encontrar algo nuevo que saber, volver a correr y volver a saber. Y vuelta a empezar.
En realidad es un sin vivir. Y me doy cuenta ahora. En este preciso instante en el que mientras escribía el párrafo anterior y la angustia subía desde el estómago a la garganta.
Y eso es curioso. En mis divagaciones de madrugada, aprendo. Aprendo a vivir, a ser paciente con la vida y conmigo misma. Es como una sesión de autoconocimiento y autoconvencimiento de mis propias convicciones. Y hoy me doy cuenta de algo. Y hoy me propongo un reto.
El reto de vivir sin prisas. El reto de no querer correr para saber qué será de esto o de aquello. El reto de vetar expectativas. Caparlas sin remordimientos. Ni buenas ni malas. No sirven. No aportan nada. Sin ellas no hace falta correr. Porque no espero nada. Ni bueno ni malo, ni mejor ni peor.
Es que ya no me apetece correr. No tengo ninguna prisa en nada. Ya no.
Quizás N. tenga razón. Quizás esos cuatro pares de zapatos rotos en lo que llevo de verano me quieren contar algo. Ella me lo dijo. Ella me dijo que era una señal. Que me gritaban (a saber quien), que me estuviera quieta. Que dejara de andar. Que ya tenía más de lo que parecía: estabilidad.
Primero pensé que tampoco tenía tanto. Que me faltaba algo. Que ya sé perfectamente el qué. Sin embargo, después reflexioné sobre las palabras de N. Porque las dijo como con gracia, como con ese tinte de broma, de las que suele hacer ella, pero con cierta verdad camuflada.
Y es que mi vida se rompió hace un par de años. Y en estos dos años he conseguido un trabajo estable, una casa propia y la sonrisa eterna de mi grandullón.
¿Para qué correr más? Para y disfrútalo. Eso me digo. El resto, al final, son adornos en el camino.
Es que, en verdad, ya no me apetece correr.



cuando yo tenía 12años estaba deseando cumplir 18 tenía prisa para ser mayor y sabes que me trajo el querer correr?pues que no vives no disfrutas de las pequeñas cosas y cuando ya tienes media vida pasada te das cuenta que te as perdido media vida déjate llevar por la corriente del río y si lo logras verás que pasarás de muchas cosas ....yo por querer correr me ha pasado la vida sin darme cuenta lo único que tiene que preocuparte es la salud lo demás no importa nada .
sabes quién soy verdad?
Buenos días, Mon. Este artículo tuyo ha sido mencionado en la edición de Crónicas de Substack de hoy (te lo digo porque a menudo Substack no lo notifica): https://leamos.substack.com/p/cuidado-con-el-umbral-del-aburrimiento